De copias y otros sustos

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Hoy os traigo un post que ha escrito mi amiga y periodista, Elena Ramos. Cuando comencé con este blog, ya tenía la idea de que fuese un blog en el que colaborasen otras  personas a las que le interesase tanto como a mí este mundillo. Así que hablé con algunos amigos a los que les podría gustar y/o interesar escribir en este rincón dedicado a la comunicación y el periodismo. Elena ha sido la primera que ha querido colaborar para hablar de deontología periodística y del “copy/paste” que tan habitual es en Internet.

Elena Ramos, periodista y autora del blog Flashingstars

Cuando Julia me pidió que escribiera para su blog me quedé un tanto sorprendida… ¿Yo? ¿Escribir sobre los entresijos OLYMPUS DIGITAL CAMERAde la comunicación, su situación actual y su posible futuro? Es cierto, soy periodista de formación, pero desde hace años no escribo de muchas más cosas que de los últimos affaires de mi queridísima Taylor Swift (lo reconozco, la adoro) o de los impresionantes vestidos que desfilan casi a diario por las alfombras rojas (o azules) de los eventos de medio mundo. Y no es que minusvalore mi trabajo, de hecho me encanta y me parece que mis estudios en moda avalan un conocimiento que me permite escribir, con más o menos criterio, sobre dichas prendas fabulosas. Incluso, cuando tengo ganas y mi tiempo me lo permite, plasmo en mi propio blog mis dos inquietudes favoritas, televisión y moda, en un mezcla de desvaríos y obsesiones que a veces me originan más de un quebradero de cabeza.

Pues bien, aunque a veces, como todo el mundo, despotrico sobre mi trabajo (ahora mismo escribir en un suplemento de moda), ya que en mi mente ilusoria y mi mundo ideal (o no tan ideal) las restricciones a los temas propios e interesantes merman la calidad del mismo, he de decir que vivo con miedo a cambiar mis precarias condiciones laborales por otras más precarias aún, las de estar en paro. Pero no quiero centrarme en la vergüenza de los actuales contratos laborales que sacuden al mundo de la comunicación, de eso ya escribe, con conocimiento de causa y muy bien, por cierto, la creadora de este blog.

Vuelvo pues a mis quejas laborales, quejas no tan descabelladas ya que, después de todo ¿quién no ha protestado alguna vez por motivos de trabajo en general o no ha tenido alguna vez dudas sobre cómo los de arriba descuidan a los de abajo, al fin y al cabo pilares más que necesarios para el buen funcionamiento de la organización? De modo que en esas estaba yo, dando rienda suelta en mi mente a todo lo que podría hacer si me dejaran, como hablar de cosas verdaderamente interesantes, de entresijos curiosos, de moda pura y dura, de elementos cotidianos de estilo de vida que sean originales per se y no por el hecho de llevar la palabra original o curioso en el titular, y todos esos pensamientos propios de la ilusión del principiante que aún piensa que sus ideales pueden llegar a cumplirse y que no tendrá que escribir artículos de escaso interés para siempre. Así que cuál fue mi sorpresa al ver que hay quién valora mis pequeños textos bastante más que yo misma (lo que, visto lo visto, no es muy difícil). De hecho, los valoran tanto que se dedican a copiar casi palabra por palabra esos escritos que yo religiosamente creo, y no sin esfuerzo, cada mañana durante las siete horas que dura mi jornada laboral. Por eso me molestó sobremanera descubrir que esta práctica ocurre con mucha frecuencia en la red. Había escuchado que mucha gente la llevaba a cabo, pero nunca la había sufrido en mis carnes.

En una profesión devaluada y minusvalorizada desde su propia organización interna como es el periodismo (ya sea de moda, de política, de economía…) ya solo nos faltaba que tacharan nuestros nombres y se adueñaran de contenido que nos es propio. Lo más triste es que, lo que parece una aserción hipotética, es una realidad que existe desde hace tiempo y que se ha visto potenciada con la facilidad que otorgan las bondades y maldades de Internet. No digo que la red no haya traído consigo un avance feroz en las comunicaciones y haya cambiado las relaciones personales y empresariales completamente, pero sería mentir no decir que al periodismo lo ha ayudado de igual forma que lo ha condenado en parte. Y es que ese pensamiento de “cualquiera puede ser periodista” se ha visto acrecentado por la facilidad que proporciona Internet para crear contenido. ¿El problema? Que no por crear contenido se convierte uno en periodista. Hacer noticias y publicarlas no te da la formación, para muchos inútil (aunque suelen ser precisamente los que no ven utilidad en los estudios periodísticos los que después se quejan de los pésimos artículos que publican los medios), que proporciona la universidad. Sí, es cierto, el oficio se aprende trabajando pero ¿acaso no ocurre lo mismo con los médicos o abogados? ¿Y acaso no veríamos a muchos profesionales llevándose las manos a la cabeza si, por ejemplo, un periodista de formación dijese de repente ser médico o abogado por hacer un máster en medicina o abogacía? Puede parecer un argumento simplista pero es verdad que el denominado intrusismo laboral es algo que se lleva a cabo en muchas profesiones, y en la mía, en la nuestra, esta tendencia se ha visto incrementada en los últimos tiempos.

Alejándome de este controvertido debate que, si no me equivoco, tiene mucho que ver con lo que quiero plasmar aquí, vuelvo a mi historia. Un blog con más bien buena pinta y bastantes seguidores se entretenía en copiar mis textos sin citar siquiera la fuente y cambiando palabras y expresiones. Para muchos no tendrá relación ninguna pero yo no pude evitar pensar que esto es un síntoma más de la necesidad de una formación que enseñe cómo se trabaja según los parámetros adecuados y la deontología y que, desde un principio, eduque en el saber hacer profesional. Una vez encontrado, por casualidad, este blog dirigido a sibaritas, navegué cuidadosamente por él y descubrí, no falta de sorpresa, que no solo copiaban mis noticias, sino todas las publicadas en el suplemento que se podrían englobar en estilo de vida (viajes, hoteles, restaurantes, etc.), ¡¡¡y eso que se trata de un suplemento perteneciente a un medio no poco importante de nuestro país!!! Así que no pude evitar preguntarme que si algo así ocurre con una publicación conocida ¿qué pasa con esas personas que publican en la red sin el nombre de un medio que les avale y a quienes copian con total impunidad, estén sus textos bien hechos o no, sean periodistas o no? Con esta pregunta no quiero dar lugar a dobles interpretaciones. El arte de escribir es muy noble y, mejor o peor, todos podemos hacerlo. La confusión está en creer que el mero hecho de escribir es en sí mismo periodismo. Aclarado esto vuelvo a mi historia.

Rápidamente comenté lo sucedido a mis compañeros de trabajo y me aconsejaron hablar cuanto antes con mi jefa, cosa que hice enseguida. ¿El resultado? El citado blog dejó de copiar sí, pero todos aquellos artículos que me habían robado ahí siguieron, publicados y sin citar la fuente. De poco había valido mi cruzada. Mi indignación crece a medida que veo que esto ocurre y que los responsables siguen haciéndolo (probablemente ese blog copiará ahora de otro medio o de un pobre despistado que no sabe que de sus textos se lucran otros sin pedirle siquiera permiso o sin citar su nombre) a pesar de las advertencias y con (casi) total impunidad. Para lo que sí me ha servido al menos es para convertirme en una maniática posesiva que, cada mañana, añade minutos de trabajo a su labor, empleándolos en buscar como loca posibles copias de sus textos que circulen libremente por la red.

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